(ENRIQUE CAMPOS SUÁREZ. EL ECONOMISTA)
La confianza es el verdadero gancho que un país como México debería ofrecer a los inversionistas. No es la promesa del nearshoring o los 3,200 kilómetros de frontera con Estados Unidos, ni el consuelo de ser el país con el menor número de aranceles impuestos por Donald Trump.
La confianza no se gana con todo ese proceso que ha llevado a que el Poder Judicial sea lo que tanto se temía, la simple oficialía de partes de todos los asuntos que quiera avalar el poder presidencial.
Y tampoco se gana con una contrarreforma electoral como la que ahora pretende el régimen para garantizarle larga vida antidemocrática a la autollamada Cuarta Transformación.
Los datos de la Inversión Extranjera Directa al cierre del 2025 son una bofetada de realidad que no puede ignorarse, por más que la narrativa oficial quiera siempre convencer a su clientela de otra cosa.
La frialdad de los números nos indica que, durante el cuarto trimestre del 2025, México registró una desinversión de 5,026 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa.
Una cantidad que no se puede disfrazar de ajuste estadístico, ni como un asunto menor, cuando se trata de la primera caída trimestral desde que se tiene registro de este tipo de flujos desde los años ochenta. Vamos, la 4T consiguió lo que ni las peores crisis de casi 50 años lograron causarle a este país.
En la autopsia del dato trimestral, vemos que las nuevas inversiones fueron prácticamente inexistentes, que el retiro de utilidades por parte de las empresas matrices alcanzó niveles récord y que lo único que salvó el dato, no solo trimestral, sino el nivel de inversión extranjera en términos anuales fue la reinversión de utilidades.
Y al mismo tiempo, para apuntalar las razones de la desconfianza, la salida de capitales mexicanos al extranjero alcanzó 2,051 millones de dólares durante el cuatro trimestre, lo que acumula dos años y medio de salidas de recursos de mexicanos al exterior de forma ininterrumpida.
Por supuesto que la realidad arancelaria de Donald Trump y sus amenazas sobre un futuro incierto en materia comercial en la relación bilateral son razones que desincentivan las inversiones. Pero también son el pretexto de un régimen que está empeñado en el camino autoritario al costo que sea.
Es justo ahora cuando el país necesita más señales de cordura para calmar a los mercados ante la incertidumbre del futuro del T-MEC. Pero lejos de ello, el gobierno muestra banderas rojas que apuntan hacia un proceso de suicidio económico en cámara lenta.
La desinversión extranjera directa del cuatro trimestre del año pasado es un síntoma de una enfermedad mayor que tiene como principal manifestación la desconfianza. Seguro que la narrativa que impulse el régimen, cuando se tenga que hablar de este tipo de capitales, será la promoción de la cifra histórica del cierre anual del 2025 y sus 40,871 millones de dólares.
Nada de desglosar la raquítica Inversión Extranjera Directa en nuevos proyectos, seguro se obviarán los datos de las reinversiones de los que ya están aquí y tienen que seguir operando y ni una palabra de la desinversión del cierre del año.
Es un error de cálculo del régimen creer que el tamaño del mercado norteamericano puede compensar sus desplantes autoritarios.
La frialdad de los números nos indica que, durante el cuarto trimestre del 2025, México registró una desinversión de 5,026 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa.

