Aún falta patentar derechos sexuales en la cultura cotidiana

LEONARDO FRÍAS CIENFUEGOS. GACETA UNAM

En materia de derechos sexuales, estamos en una situación donde se ha conseguido mucho pero todavía no se consigue todo, existe matrimonio igualitario, reconocimiento a las identidades legales, leyes que promueven la no discriminación, instituciones que buscan la inclusión, pero la ciudad de México no es todo el país, hace falta lo más importante: enfocarse a la cultura cotidiana ante la persistencia de la discriminación y los crímenes de odio.

Así lo dijo en la UNAM, Héctor Miguel Salinas Hernández, coordinador del Programa de Estudios en Disidencia Sexual de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), quien aclaró que este movimiento no reivindica derechos especiales o particulares, ni pretende ser una “dictadura”, sino generar ciudadanía, que todos sean ciudadanos de primera: así, “utópicamente sencillo, vivir la igualdad”.

Al dictar la conferencia “50 años Reivindicando la Disidencia Sexual” en el marco de #OrgulloPuma, en el aula virtual del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI) de esta universidad, el también doctor en Ciencias Políticas por la UNAM, resaltó: “el ideal sería buscar la igualdad, pero de una manera que no solo se refleje en las normas, en las políticas, en las acciones de gobierno, sino en la cotidianeidad. Cuando nadie deba ser tratado de manera distinta por alguna razón, cuando nos importe más la persona como tal, se habrá alcanzado el gran objetivo”.

Medio siglo de lucha

El también ex titular del programa de capacitación sobre Derechos Humanos y VIH/SIDA de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, explicó que el termino disidencia es una expresión que no está en el centro de poder, ni en el centro hegemónico de la ideología, “porque se opone, sale de las normas, es distinta, alternativa, y a la vez es una reivindicación de tipo político”.

“Los 50 años de la reivindicación de la disidencia sexual tienen ese profundo sentido político, el orgullo es una respuesta política a ese espacio clandestino de obscuridad de negación de derechos a los que históricamente se ha colocado a todas las poblaciones LGBT. Hablar de disidencia sexual es un término reivindicativo como un término de oposición firme”, añadió.

Presentado y moderado por Marisa Rico Bocanegra de la Comisión Interna para la Igualdad de Género (CInIG) del IIBI, Salinas Hernández, dejó en claro que la disidencia sexual no se opone ni quiere “aniquilar” a la heterosexualidad.

Lo que se plantea, dijo, es un término desde donde se reivindique la diferencia, lo que no está bien es que las mayorías señalen a las personas que viven la sexualidad de una manera distinta.
Históricamente, continuó, cuando se confina a las minorías a no existir, las sociedades son distintas, no funcionan bien, lo que se busca es que, dentro de la disidencia, que se parte también de la diversidad, que se reconozca que hay heterosexuales, pero también otras expresiones igualmente legítimas, válidas, necesarias porque la naturaleza misma es diversidad y eso tiene sustento científico.

Historia

El también exfuncionario del Consejo para Prevenir y Eliminar el SIDA, (CONASIDA), recordó que el movimiento disidente sexual inicia a partir de 1973, cuando algunas organizaciones se reúnen en la CDMX para agruparse en el denominado Movimiento de Liberación.
Mencionó además nombres de algunos de los pioneros activistas: Nancy Cárdenas, Alma Aldana, Braulio Peralta, Juan Jacobo Hernández, Javier Lizárraga, entre otros.
Por último, destacó: “la verdadera antinaturaleza y antinaturalidad es que no existiera la diversidad”.