Comida y penitencia

LILIANA MARTÍNEZ LOMELÍ. EL ECONOMISTA

La relación del ser humano con la comida, entre una multiplicidad de significados, ha servido como vehículo de culto, expiación, penitencia y ofrenda en ámbitos religiosos, pero también en ámbitos que no tienen que ver propiamente con un culto.

A lo largo de la historia y también entre los cultos y las religiones, la comida es un elemento ritual omnipresente. A través de diferentes símbolos inherentes tanto a los alimentos como a las formas de consumirlos, las personas construimos relaciones o vínculos sociales para construir comunidad, pero también para perpetuar los rituales que nos ayudan a sentir que pertenecemos a algo.

Es así como en las prácticas religiosas encontramos rituales relacionados con la comida, desde la ofrenda pasando por el sacrificio, la penitencia o las prohibiciones de ciertos alimentos.

Así, por ejemplo, los coloridos altares budistas generalmente tienen ofrendas de comida no importando la corriente que sea, o en el Islam, una de las religiones con más adeptos en el mundo, se practica el Ramadán, o ayuno de sol a sol. En la tradición judeocristiana, la práctica de la penitencia se ha relacionado, por ejemplo, a la vigilia pascual, en la que se conminaba al ayuno y a restringir el consumo de carnes rojas como símbolo de penitencia durante el tiempo de cuaresma.

Justamente el ayuno desde antes de Cristo estaba relacionado con la purificación del cuerpo y del espíritu. En la medicina antigua la triada cuerpo- mente-espíritu, la purificación y la penitencia estaba relacionada justamente al ayuno, no distinguiendo si esta purificación sería para lo espiritual o para lo físico. En tiempos contemporáneos, donde uno de los grandes paradigmas de las sociedades es la medicalización, estos ayunos son frecuentemente justificados como una “purificación” del organismo, para alcanzar o mantener la salud del cuerpo físico.

El sentido de penitencia, sobre todo en la práctica católica, fue cambiando con el paso del tiempo. Antaño el consumo de carne era en ocasiones un privilegio de clases dominantes, por lo que existía un sentido de penitencia a “renunciar” a ese privilegio. La cocina de cuaresma apela no solo a la falta de proteína animal, sino al consumo de pescados y mariscos. Con el paso del tiempo, el consumo de mariscos en sustitución de la carne, tiene una acepción más de placer o lujo, que de una restricción en sacrificio, debido también al alto precio de estos productos en temporada.

Hoy algunas voces apelan a la penitencia desde un movimiento más ecologista que llama a disminuir el consumo de carne no como una penitencia religiosa, sino como una penitencia de sustentabilidad para generaciones futuras. La huella de carbono que se genera por la producción de carne ha hecho que muchas personas y organizaciones apelen a la disminución de su consumo como una medida para frenar los efectos del calentamiento global.

Es así como el sentido de penitencia toma nuevos tintes, tal vez más relacionados con el mundo de lo físico y lo material y más alejados del tema de lo espiritual, ante las apremiantes necesidades que hoy vivimos. Sea cual sea el sentido que se le quiera dar a los consumos de alimentos, resulta útil pararse a reflexionar cómo aun teniendo un trasfondo en el concepto de “penitencia”, éste ha ido cambiando a través del paso del tiempo y en diferentes sociedades, en adaptación a las circunstancias del medio, pero también a las corrientes de pensamiento que van cambiando.