Complejo mapa de seguros en Acapulco

(J.JESÚS RANGEL M. MILENIO DIARIO)

De acuerdo con el Swiss Re Institute, en México “en los últimos 10 años ha habido un total de pérdidas por catástrofes naturales de 27 mil millones de dólares; solo estaban asegurados bienes por 5 mil millones de dólares”. Los daños que dejó el huracán Otis en Acapulco todavía no se pueden calcular, como dijeron el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, y directivos en seguros que fueron consultados, toda vez que los ajustadores apenas llegan a la zona.

Lo más doloroso son las pérdidas de vidas humanas, de viviendas, micronegocios y otros daños que afectan a la población en general, como la falta de agua, de comunicaciones, medicinas y alimentos. No será fácil atender la emergencia, aunque el gobierno aseguró que cuenta con los recursos financieros necesarios.

Se tienen que ver tres frentes: el fondeo de recursos del gobierno federal contra desastres naturales, que ahora se manejan con discreción para atender fundamentalmente a la población y la infraestructura pública; las coberturas compradas por el gobierno de Guerrero para los mismos fines que, hasta donde se sabe, no las renovó este año, y los seguros del sector privado.

De antemano se sabe que las micro, pequeñas y medianas empresas, los changarros y la mayoría de los restaurantes y casas particulares no tienen ningún seguro. Se estima que un 40 a 50 por ciento de los condominios de playa tampoco compraron coberturas contra desastres.

Los expertos me señalaron que muy pocos empresarios tenían un seguro contra el “saqueo” ni coberturas contra “pérdida de utilidades”, es decir, dejar de ganar por tener cerrado el negocio. A diferencia de Cancún, donde es común el seguro paramétrico, que paga rápido una indemnización según la intensidad de un evento predefinido, en Acapulco las liquidaciones no serán expeditas.

No es que las aseguradoras no quieran hacer frente a sus compromisos. Tienen que documentar el daño, hacer avalúos, estimar costos de reposición y mucho más en un periodo entre tres y seis meses, precisamente porque la cobertura adquirida no es paramétrica. Por ejemplo, el Hotel Princess tardará seis meses en completar todo su proceso de ajuste.

Respecto al aeropuerto de Acapulco, la impresión de los expertos es que “se ve peor de lo que es”, porque se destruyó la fachada que era de cristal, pero las pistas están bien. “Puede habilitarse en tres días”.