Día Internacional de la Mujer: ocho medidas para un mundo más igualitario

(ANTONIO GUTERRES. ONU)

Durante casi una década al frente de Naciones Unidas, he visto cómo nuestro mundo ha sido puesto a prueba una y otra vez: crisis climáticas, aumento de la pobreza, conflictos violentos y reducción del espacio cívico. Pero también he sido testigo de cómo muchas soluciones han arraigado. Todas ellas tenían un denominador común: las mujeres.

Mientras el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer, ha llegado el momento de reconocer que la desigualdad de género es el mayor desafío de nuestro tiempo para los derechos humanos y que promover la igualdad constituye uno de los motores más potentes del desarrollo sostenible y la paz.

A continuación, presento ocho medidas extraídas de mi propia experiencia e inspiradas en la labor del sistema de Naciones Unidas y los movimientos de la sociedad civil de todo el mundo, con el fin de promover los derechos de la mujer y obtener resultados.

1. Superar la brecha energética

La igualdad de género es una cuestión de poder. Pero nuestro mundo sigue estando configurado por instituciones dominadas por los hombres. La creciente ola de autoritarismo está agravando estas desigualdades, revirtiendo medidas de protección que tanto ha costado conseguir –desde prácticas laborales justas hasta derechos reproductivos– y afianzando los sesgos raciales y de género que frenan el avance de las mujeres. La igualdad de género mejora las sociedades. Cuando se comparte el poder, la libertad aumenta.

2. Hacer de la paridad una prioridad

Las mujeres están muy poco representadas en los gobiernos y los consejos de administración de todo el mundo. En Naciones Unidas, nos propusimos hacer de la paridad de género una prioridad, comenzando por el personal directivo superior. Lo hicimos ampliando la búsqueda de candidatos y candidatas cualificados, no rebajando los criterios de selección. La ONU se ha fortalecido gracias a ello, con una mejor cultura de trabajo y unos procesos de toma de decisiones más inclusivos. La lección es clara: cuando las instituciones optan por la igualdad, los resultados no se hacen esperar.

3. Apostar por la inversión de mayor rendimiento

La inversión en las mujeres genera rendimientos extraordinarios. Cada dólar gastado en la educación de las niñas reporta casi el triple de beneficios, mientras la salud materna y la planificación familiar multiplican por más de ocho los beneficios. Las políticas de apoyo a las familias, como el cuidado infantil y el cuidado de personas mayores, fortalecen las comunidades y potencian aún más el crecimiento. En conjunto, estas medidas sientan las bases para reducir las brechas de género, lo que puede aumentar el ingreso nacional hasta un 20 por ciento.

4. Hacer un hueco en las negociaciones de paz

Los acuerdos de paz son más duraderos cuando las mujeres participan en su negociación y aplicación. Sin embargo, en demasiados conflictos, como en Gaza, Ucrania y Sudán, las mujeres han quedado prácticamente excluidas de las negociaciones, a pesar de que son ellas las que sufren las consecuencias más graves de la guerra. En un momento de creciente inestabilidad, la inclusión no es algo simbólico, sino la vía más rápida para estabilizar nuestro mundo fracturado.

5. Acabar con la discriminación en las leyes

A nivel mundial, las mujeres sólo disfrutan de 64 por ciento de los derechos que se le reconocen a los hombres. En demasiados lugares, no pueden poseer bienes, trabajar libremente ni pedir el divorcio. Incluso cuando existen medidas de protección, las mujeres se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a la asistencia jurídica o a los tribunales. Todos los países deben comprometerse a derogar las leyes discriminatorias y a hacer valer los derechos en la práctica.

6. Demostrar tolerancia cero con la violencia de género y poner cero excusas

La violencia contra las mujeres es una emergencia mundial, arraigada en la desigualdad y secundada por el silencio. Todas las mujeres y niñas tienen derecho a vivir sin miedo. Sin embargo, la violencia de género –incluida la explotación y los abusos sexuales– sigue siendo una grave afrenta a la confianza y a la humanidad. Debemos combatirla en todas partes aplicando una tolerancia cero, exigiendo plena responsabilidad y apoyando incondicionalmente a las víctimas.

7. Eliminar los sesgos en la tecnología

Dado que las mujeres sólo representan una de cada cuatro personas en el sector tecnológico, los sesgos se están integrando en los sistemas que configuran la vida cotidiana. Entretanto, la misoginia se está disparando en Internet. Las empresas tecnológicas y los gobiernos deben actuar conjuntamente para crear espacios digitales seguros e inclusivos, y el mundo debe hacer mayores esfuerzos para eliminar las barreras que impiden a las niñas acceder a la ciencia y la tecnología.

8. Incorporar las cuestiones de géne- ro en el plan sobre el clima

El cambio climático es sexista. Las mujeres suelen ser las últimas en recibir comida en las crisis alimentarias y sufren un mayor peligro en las situaciones de emergencia. Las niñas están más expuestas a contraer matrimonio infantil cuando los medios de subsistencia se derrumban. Pero las mujeres también están liderando las soluciones climáticas: promoviendo legislación ecológica, impulsando movimientos globales y propiciando cambios sobre el terreno. Un planeta habitable exige políticas climáticas que respondan a las cuestiones de género, lo que abarca el acceso igualitario a empleos verdes, una mejor protección en situaciones de emergencia y la plena participación en la adopción de decisiones sobre el medio ambiente.

En todo el mundo, he visto cómo se aplican estas ocho soluciones: en zonas de guerra y en procesos de recuperación, en parlamentos y en aulas, en organizaciones y en comunidades.

Si quienes ocupan puestos de liderazgo se toman en serio la igualdad de género y se comprometen a lograrla, cambiaremos el mundo, para las mujeres y las niñas, y para toda la humanidad.

Secretario general de la Organización de Naciones Unidas