El Banco Mundial advierte del sinsentido de las subvenciones tóxicas: “Desperdiciamos billones de dólares”

MANUEL PLANELLES. EL PAÍS

El Banco Mundial ha advertido del sinsentido de las subvenciones y ayudas públicas “tóxicas” que los países conceden a la energía, la agricultura y la pesca, y que dañan al ser humano y al medio ambiente. Un informe de esta entidad financiera presentado este jueves cifra en siete billones de dólares (unos 6,4 billones de euros al cambio actual) las ayudas directas e implícitas que se gastan cada año en estos tres sectores y que son dañinas. Esa cantidad equivale, nada menos, que al 8% del producto interno bruto (PIB) de todo el planeta, según el estudio realizado por el Banco Mundial, una entidad de la que forman parte 189 países y que busca incentivar el desarrollo económico en las naciones con menos recursos.

“Son billones de dólares que estamos desperdiciando, que estamos tirando y que, sin embargo, necesitamos”, ha sostenido Richard Damania, coordinador del estudio y economista jefe del Grupo de Prácticas de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial. Además, “son billones que están haciendo daño”, advierte este investigador, que no tiene ninguna duda de calificar estas ayudas como “tóxicas”. “Es uno de los aspectos más tóxicos del desarrollo que tenemos en el mundo”, ha añadido en una videoconferencia con medios de comunicación internacionales para detallar los resultados más importantes del informe Desarrollo de desintoxicación: reformulación de subsidios ambientalmente dañinos.

Se trata de ayudas públicas que, por ejemplo, subvencionan el consumo y la producción de los combustibles fósiles (como el petróleo, el gas y el carbón) que cuando se queman contaminan el aire y emiten los gases de efecto invernadero que están tras la crisis climática que padece la humanidad en estos momentos. O ayudas públicas para el uso de fertilizantes que acaban dañando el medio ambiente y afectando también a la productividad de la tierra. O subvenciones a las flotas que incentivan la sobrepesca y el agotamiento de los caladeros y la pérdida de biodiversidad. “Muchos países gastan más dinero en subsidios perjudiciales para el medio ambiente que en ayudas a la educación y a la reducción de la pobreza, asuntos que son esenciales para el desarrollo”, ha afirmado Damania.

Los siete billones de dólares que según el Banco Mundial se gastan cada año en subvenciones tóxicas para el ser humano y el medio ambiente incluyen ayudas explícitas e implícitas. Las explícitas son los gastos públicos directos perjudiciales y ascienden a 1,25 billones de dólares. Y los subsidios implícitos cuantifican, según los analistas de esta institución, los impactos sociales de las externalidades que provocan las ayudas directas y que ascienden a más de seis billones de dólares. Dentro de este apartado están los “costes para las personas y el planeta de la contaminación, las emisiones de gases de efecto invernadero, la congestión de las carreteras y la destrucción de la naturaleza que en última instancia resultan de las subvenciones”, explica el Banco Mundial.

Esta organización aboga por redirigir las ayudas públicas como principal arma de lucha contra el cambio climático y los problemas medioambientales. “La gente dice que no hay dinero para el clima, pero lo hay, simplemente está en los lugares equivocados”, ha resumido este jueves a través de un comunicado Axel van Trotsenburg, director gerente superior del Banco Mundial.

Uno de los casos más evidentes es el de las ayudas de los gobiernos a los combustibles fósiles. Los países gastaron un total de “577.000 millones en 2021 para reducir artificialmente el precio” del petróleo, el gas y el carbón, unos combustibles que “exacerban el cambio climático y causan contaminación tóxica del aire, desigualdad, ineficiencia y crecientes cargas de deuda”, sostiene el Banco Mundial. “Redirigir estos subsidios podría desbloquear al menos medio billón de dólares hacia usos más productivos y sostenibles”, añade esta entidad. La otra cara del problema es el insuficiente monto que se destina a desengancharse de estos combustibles que expulsan el dióxido de carbono cuando se queman. “Para subsidiar el consumo de combustibles fósiles, los países gastan aproximadamente seis veces lo que prometieron movilizar anualmente en virtud del Acuerdo de París para las energías renovables y el desarrollo bajo en carbono”, resume el informe.

Pero el calentamiento global no es el único problema: “La quema de petróleo, gas y carbón causa siete millones de muertes prematuras al año en todo el mundo”. Y esta carga “recae principalmente sobre los pobres”. A eso se añaden las hospitalizaciones, bajas laborales y otros gastos vinculados a los daños que provoca la polución y que contribuyen a engordar la partida de lo que en el informe se denomina ayudas públicas implícitas.

Agricultura y pesca

En la agricultura, el Banco Mundial cifra los subsidios directos en más de 635.000 millones al año y, como advierte Damania, están impulsando el uso excesivo de fertilizantes que degradan el suelo y el agua. Al mismo tiempo, también afectan a la productividad de los cultivos. “Los subsidios para productos como la soja, el aceite de palma y la carne de res”, apunta el Banco Mundial, “son responsables del 14% de la pérdida de bosques cada año”. En el caso de la pesca, las ayudas públicas tóxicas superan los 35.000 millones cada año y “son un factor clave de la disminución de las poblaciones de peces, las flotas pesqueras de gran tamaño y la caída de la rentabilidad” de esta actividad económica.

Damania ha insistido en la importancia de redirigir estas ayudas dañinas para dejar de “desperdiciar” estas ingentes cantidades de dinero. “Esta es una oportunidad maravillosa”, ha añadido. Pero para ello se necesita comunicar bien la necesidad del cambio para “crear conciencia” y “atraer al público”. De lo contrario, opina este experto, “es muy difícil para los responsables políticos reformar realmente estos subsidios debido a su magnitud”. Los analistas del Banco Mundial han estudiado las experiencias de varios países que han emprendido el camino para redirigir las ayudas públicas y también concluyen que en este proceso son básicas “las compensaciones”, porque “siempre habrá perdedores”. Por eso es necesaria esa compensación para los que tienen menos recursos. Por último, Damania considera también fundamental que la reforma sea “creíble”, porque “siempre existe el temor de que el gobierno no cumpla sus promesas o que el siguiente gobierno se retracte de esas promesas”. “Los países que han seguido estos tres principios han tendido a tener reformas políticas exitosas”, ha concluido Damania.

Manuel Planelles

Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.