(LUIS DE LA CALLE. NEXOS)
Donald Trump ha estado a favor de aranceles de importación desde hace mucho. Sobre todo como instrumento para obtener concesiones comerciales o de otro tipo. Una de sus principales frustraciones al inicio de su primer paso por la Casa Blanca fue saber que el hombre más poderoso del mundo no tenía facultades para imponer aranceles tanto por restricciones en la Constitución y leyes domésticas, como por compromisos internacionales de Estados Unidos.
Fue Peter Navarro quien le señaló que todos los acuerdos comerciales internacionales y las leyes de su país contenían una excepción de seguridad nacional para casos de emergencia que permite adoptar medidas comerciales por parte del Ejecutivo. De esta manera, el presidente Trump apeló a la sección 232 de la Trade Expansion Act de 1962 para imponer aranceles al acero bajo el pretexto de seguridad nacional en marzo de 2018. En ese entonces, Canadá y México interpretaron, correctamente, esta acción como una salvaguarda global bajo el artículo 802 del TLCAN y tomaron represalias como la compensación a que tenían derecho. En pocos meses la Casa Blanca eliminó los aranceles para ambos países, mientras que los mantuvo o negoció cuotas máximas para el resto de exportadores.
En su segundo término, la política comercial de Trump ha sido mucho más agresiva al no tener contrapesos en su propio gabinete, en el legislativo, en su sector privado, ni, de manera sostenida, por los mercados. Para prevenir posibles represalias ha sido implacable en amenazas adicionales para los que se atrevan a considerarlas. La credibilidad de estas depende de que la Casa Blanca cuente con facultades arancelarias sin mayores procedimientos administrativos ni restricciones. Por ello, en esta segunda ocasión, su instrumento preferido ha sido la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) que nunca se había utilizado para fijar aranceles, ya que el resto de opciones jurídicas que tiene son menos flexibles o toman tiempo y por tanto se prestan menos para amenazar.
Aranceles como instrumento de extorsión
Trump ha hecho amenazas comerciales como palanca de negociación sobre fentanilo para Canadá, China y México, sobre aranceles “recíprocos” para la mayoría de los países, sobre el proceso electoral en Brasil, sobre Groenlandia, vino y champaña y algunas más. El alcance de las amenazas hace patente que el propósito de imponer aranceles es, con frecuencia, no económico. En el caso de fentanilo para Canadá y México, dos días después de la imposición arancelaria, el presidente Trump eximió a todos aquellos productos que cumplieran con la regla de origen del T-MEC. Esto sin determinar el fin de la emergencia de fentanilo que supuestamente dio origen a los aranceles, lo que subraya de nuevo su naturaleza arbitraria.
Por razones claras, la exención a los bienes originarios incentivó el cumplimiento con las reglas de origen y en poco tiempo se pasó de un nivel de 50 % a uno superior al ochenta. El comercio regional siguió creciendo en 2025 en virtud de la preferencia relativa (Canadá y México pagan menos que el resto) y la caída en la participación china en el mercado de Estados Unidos.
Aranceles como política comercial
El presidente Trump concibe los aranceles también como política comercial-industrial. Desde su punto de vista, mayormente equivocado, Estados Unidos se ha desindustrializado por el alto valor del dólar al ser moneda de reserva. Por eso promueve su debilitamiento y la reducción de tasas de interés, y por las tasas arancelarias de nación más favorecida (NMF) más bajas que la mayoría de países y sin espacio para subirlas al estar consolidadas en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Así, una de sus prioridades ha sido incrementar los aranceles promedio que cobra Estados Unidos con el objetivo de reindustrializar. Puede discutirse si es o no una buena estrategia, pero por el momento cabe esperar que Estados Unidos siga imponiendo aranceles por encima del promedio ponderado de NMF de 2.2 % antes del segundo mandato de Trump.
La Suprema Corte de Estados Unidos debe emitir sentencia sobre la legalidad de la IEEPA para la imposición de aranceles en los próximos días. Aún si la Corte establece que la Casa Blanca no puede utilizar IEEPA para imponer aranceles, el gobierno del presidente Trump buscará usar las secciones 122 (para enfrentar déficit comerciales), la 301 (violaciones a compromisos internacionales), la 338 (discriminación contra Estados Unidos) o 232 (seguridad nacional sectorial) para elevar los aranceles promedio. En estas secciones de las leyes comerciales de Estados Unidos el Congreso sí ha delegado autoridad limitada para aranceles al Ejecutivo y, aunque sean menos flexibles y más engorrosas, debe esperarse que Trump las use si pierde el caso IEEPA.
La importancia para México reside en que el mayor nivel de protección incrementa el valor de la preferencia del T-MEC, en la medida en que se cumpla con la regla de origen. La clave, entonces, consiste en que los bienes originarios queden exentos si se imponen aranceles bajo cualquiera de estas secciones (hasta ahora se aplican para acero, aluminio, cobre y madera y ciertos derivados bajo la sección 232). La prioridad del gobierno mexicano ha sido que éste sea el caso: que la excepción obtenida en IEEPA para los originarios se extienda a los bienes bajo 232 y que se inocule a los originarios para futuras medidas bajo ésta y otras secciones de las leyes comerciales de Estados Unidos.
La razón es clara: la manufactura en América del Norte es conjunta y tanto insumos primarios, como intermedios y bienes finales que se comercian entre los tres países tienen un alto contenido estadunidense, a diferencia del intercambio que se hace con Europa y, sobre todo, con Asia. Además, la competitividad de los tres países descansa en la producción conjunta, no sólo en el origen de los insumos utilizados.
Revisión T-MEC 2026
Para México y Canadá conseguir la exención arancelaria para los bienes originarios es tan o más importante que el proceso de revisión. El caso más probable para el proceso de revisión es que se llegue a julio sin un acuerdo y, como estipulan el T-MEC y la ley de Estados Unidos, el tratado siga en vigor, pero se vuelva a llevar a cabo una revisión en 2027 y luego, de no llegarse a un acuerdo, otra en 2028 y así hasta 2036 cuando, sin acuerdo, expiraría el tratado. Trump tiene un claro incentivo para que la incertidumbre se prolongue.
Los otros dos casos posibles –el peligroso de una revisión más extensa y profunda del T-MEC, que puede resultar incluso en acuerdos bilaterales; o el positivo de una revisión exitosa y la exención arancelaria bajo las secciones antes descritas– son menos probables. La revisión mayor o bilateralidad es la menos probable (15 % quizá) ya que requiere mayoría en la Cámara de Representantes y sesenta votos en el Senado de Estados Unidos, cosas muy difíciles de conseguir.
La opción más positiva de exención arancelaria para originarios y revisión exitosa es un poco más probable (pero sólo 25 %) por la dificultad de convencer al presidente Trump. Tiene que venir de su propio sistema político y con acciones concertadas por parte de su sector privado, gobernadores y alcaldes de estados clave, así como el sector financiero en Wall Street. Es decir, la consolidación del T-MEC en 2026 depende de la acción pública de grupos de interés de Estados Unidos mucho más que de los intercambios técnicos en la mesa de negociación.
Uno de los temas que rondará es la discusión de asequibilidad que ha tomado relevancia en el proceso electoral de este año en Estados Unidos. En la medida en que se convierta en tema cotidiano, el incentivo para reducir las barreras comerciales crece y las posibilidades de un entendimiento con México y Canadá también. Hasta ahora, los precios al detalle para el producto más emblemático y políticamente importante, los coches, no han subido para causar un alto impacto electoral. Esto por dos razones: el temor de los directores generales a la reacción de Trump si implementan aumentos; y por la caída en la demanda de automóviles y su alto precio después del incremento post-Covid y post-escasez de chips para su manufactura. En realidad, sin aranceles los coches en Estados Unidos costarían hoy menos, no más, si no se les hubieran puesto aranceles.
Por supuesto, el papel de México y Canadá es muy importante tanto en el ámbito de la cooperación en materia de seguridad, como en el proceso de convencimiento y desarrollo de argumentos para el gobierno de Estados Unidos, como en promover que los grupos de interés estadunidenses clave se pronuncien a favor de consolidar el T-MEC.
Reindustrialización e industrialización
Hay una clara correlación entre el empleo en manufactura de Estados Unidos y México: suben y bajan juntos como se puede observar en la gráfica siguiente:
Gráfica I. Empleo en manufactura en Estados Unidos y México. 2002-2025. Variación anual, en porcentaje

Fuente: FRED, INEGI
Dado el nivel de integración, un proceso de reindustrialización regional al diversificarse con respecto a Asia implica un proceso de industrialización profunda en México si el país sabe aprovechar la oportunidad.
Asia ofrece tres grandes lecciones en materia de competitividad. Contrario a lo que se piensa, ninguna es producto de la planificación central: primera, la importancia de la integración vertical competitiva y profunda para ofrecer una alta variedad de insumos para la manufactura; esto requiere de energía abundante, competitiva y limpia en América del Norte, además de excelencia logística. Segunda, la mejora continua de la satisfacción del consumidor como principal objetivo empresarial. Son patentes las contribuciones de empresas japonesas, coreanas y ahora chinas en este sentido. Tres, un alto grado de competencia entre empresas en los mercados domésticos, sobre todo comparado con los niveles de concentración en América del Norte.
El gobierno y empresas mexicanas tienen ahora una oportunidad de promover una profunda integración vertical que incremente el valor agregado doméstico por unidad producida y exportada y que contribuya al cumplimiento con las reglas de origen. Esto requiere de inversiones extraordinarias en energía y un mercado de energía abundante y competitiva. También se necesita de logística de excelencia para que la proveeduría mexicana sea competitiva en todo el país, incluida la frontera norte, así como de mejoras sustantivas al cruce fronterizo y las operaciones aduaneras.
Pero se requiere también fijar como objetivo estratégico atraer ciertas cadenas de valor de Asia a América del Norte en sectores clave: aceros especializados, petroquímica, resinas y plásticos, electrónicos y equipo de comunicación estratégicos, aeroespacial, farmacéuticos y otros.
Otros tratados
La ventaja fundamental de México consiste en ser el único país emergente grande que puede tener una relación y acuerdos comerciales ambiciosos de manera simultánea en América del Norte, América Latina, Europa y Asia. Además, los tratados de comercio simultáneos con estas regiones aumentan el valor de México para cada uno de ellos ya que el común denominador para el cumplimiento con las diversas reglas de origen es el contenido mexicano. Es decir, esta coexistencia puede convertirse en un incentivo adicional para la integración competitiva vertical que resulte en una industrialización con alto contenido doméstico.
Es muy importante avanzar el proceso de firma de la actualización del tratado comercial con la Unión Europea, reestablecer el proceso de la Alianza Pacífico en América Latina y buscar alianzas tecnológicas con Japón, Taiwán y Corea del Sur.
Se debe también delinear el futuro del comercio internacional y sus instituciones para el largo plazo. Como país en desarrollo, su pertenencia a la OECD y su red transoceánica de tratados de comercio, México se encuentra en una posición para promover la necesaria y renovada configuración de la OMC y elaborar una propuesta para el futuro sistema de comercio internacional.
Inversión
Con independencia de los esfuerzos de México en el ámbito internacional, la clave para una posición negociadora más sólida, prepararse para la corrección en los principales mercados del mundo que inevitablemente llegará, conseguir finanzas públicas sostenibles, y contar con una economía competitiva e incluyente, es un significativo incremento en la inversión productiva. Sin ella, no habrá crecimiento ni bienestar. En vista de las severas restricciones presupuestarias del gobierno y la debilidad estructural de Pemex, la mayor parte de la inversión tendrá que ser privada. La paradoja es que las condiciones domésticas e internacionales, incluido el fuerte incentivo para la integración vertical en América del Norte y el cumplimiento con las reglas de origen, se prestan para lograr los niveles de inversión a que aspira el Plan México. Se pueden conseguir, aunque no se logre un acuerdo con Estados Unidos. El futuro depende de lo que se haga aquí.
Luis de la Calle
Economista experto en comercio internacional. Es director general y socio fundador de De la Calle, Madrazo, Mancera (CMM)

