Exportaciones aeroespaciales de México crecen 60%; EU lo ve como socio clave

(PATRICIA TAPIA. EXPANSIÓN)

Durante años se habló de la industria aeroespacial mexicana como una promesa: un sector con potencial, con talento, con ubicación estratégica, pero la industria dejó de ser una expectativa y se convirtió en una realidad industrial que pesa dentro de la manufactura nacional y, sobre todo, dentro de la cadena productiva de América del Norte.

México ocupa el lugar 12 en manufactura aeroespacial a nivel mundial. Además, es el cuarto exportador global de bienes del sector. En 2024 las ventas externas rondaron los 10,700 millones de dólares, mientras que en 2021 eran 6,700 millones, de acuerdo con cifras de la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (Femia). El crecimiento en tres años fue cercano a 60%.

La estimación de la Femia para 2025 apuntaba a exportaciones por 12,000 millones de dólares. Aún no publica la cifra final, pero al considerar las principales fracciones arancelarias y los datos de Banxico, el monto rondaría en más de 13,600 millones.

Alrededor de 80% de la exportaciones aeroespaciales mexicanas tienen como destino Estados Unidos.

Las importaciones también crecieron, pasaron de 5,400 millones de dólares en 2021 a 8,600 millones en 2024. Estados Unidos domina como proveedor, con envíos que subieron de 4,300 a 6,300 millones. Esa doble vía comercial confirma algo que el gobierno estadounidense ya reconoce abiertamente: México es parte de su propia adena aeroespacial.

De hecho, el Servicio Comercial de Estados Unidos, en su reporte de 2026, identifica a la industria aeroespacial como uno de los 16 sectores mexicanos con mayores oportunidades para empresas estadounidenses. México fabrica piezas críticas y ensambles especializados que alimentan programas globales donde participan firmas estadounidenses.

El crecimiento también se ve en el número de compañías, pues en 2004 operaban cerca de 100 empresas aeroespaciales en México. Para mediados de 2023 la cifra llegó a 368, las cuales producen fuselajes, arneses eléctricos, sistemas de aviónica, turbinas, subconjuntos estructurales y componentes que luego se integran en aeronaves comerciales, ejecutivas o militares en distintas partes del mundo.

La inversión extranjera explica buena parte de este avance, el protagonismo es de Estados Unidos, concentra 48% del capital instalado en el sector y Francia alrededor de 10%. Airbus, Boeing, Bombardier, Safran, Honeywell, GE y RTX operan en territorio mexicano que instalaron líneas de producción, desarrollaron proveedores locales y formaron talento especializado.

El modelo mexicano es distinto al estadounidense, porque aquí la fortaleza no está en ensamblar el avión completo, sino en producir piezas críticas y ensambles de alta precisión. La manufactura genera 79% de los ingresos del sector. Los servicios de mantenimiento, reparación y revisión aportan 10%, mientras la ingeniería representa 11%. Es un perfil técnico, especializado y cada vez más sofisticado.

Ese crecimiento tomó forma a través de clústeres regionales muy definidos: Baja California se especializa en mecanizado de precisión y materiales compuestos. Sonora concentra aviónica y componentes de motor. Chihuahua destaca en subconjuntos estructurales. Querétaro se consolidó en ingeniería y servicios MRO. Nuevo León comienza a posicionarse como polo de manufactura avanzada y desarrollo de materiales.

La industria avanza, sí, pero la red de proveedores locales todavía es limitada frente al tamaño del mercado. Las grandes fabricantes necesitan más empresas mexicanas capaces de producir piezas especializadas con certificaciones internacionales. Boeing trabaja con 26 proveedores mexicanos, Airbus con 36 y Embraer con 13. Para Estados Unidos hay margen amplio para ampliar esa base.

El dinamismo del sector responde también a factores globales, ya que las aerolíneas renuevan flotas, el mantenimiento aeronáutico crece y las compañías de bajo costo expanden operaciones en la región. Al mismo tiempo, nuevas tecnologías comienzan a cambiar la conversación: propulsión eléctrica, movilidad aérea urbana, impresión 3D, digitalización industrial.

En este escenario, México ocupa un lugar estratégico en el rediseño productivo de Norteamérica. La relocalización industrial favorece a quien ofrece estabilidad, cercanía y capacidad técnica. El país ya no es solo un fabricante de bajo costo. Es un productor de componentes de alta complejidad que fortalecen la competitividad regional frente a Asia.

México quiere volar más alto

México fabrica bienes desde hace años, pero no tenía un avión propio. Eso cambió. Después de más de seis décadas sin producir una aeronave nacional, el país obtuvo la certificación de un avión diseñado y fabricado en México.

El proyecto, impulsado por Horizontec en Celaya, Guanajuato, tomó 11 años de trabajo. La Agencia Federal de Aviación Civil otorgó el certificado con acompañamiento de la Secretaría de Economía. No es un detalle menor. Marca el regreso formal de México a la fabricación de aeronaves completas.

La aeronave responde a una tendencia clara en la industria global: diseños más ligeros, menos complejos y más accesibles. Utiliza nuevos materiales, tiene una autonomía superior a 1,000 kilómetros y destaca por su eficiencia en consumo de combustible. Su precio es tres veces menor que el de una Cessna usada y su costo de operación por hora resulta casi cuatro veces más bajo que el de aeronaves similares.

Horizontec ya cuenta con pedidos y planea explorar el mercado estadounidense. La línea de producción en Guanajuato no solo genera empleo local, también activa un ecosistema de proveedores que pueden escalar junto con el proyecto.

Marcelo Ebrard, secretario de Economía, plantea una meta ambiciosa. México quiere pasar del lugar 12 al décimo en la industria aeronáutica mundial y llevar el valor del sector hacia 22,000 millones de dólares hacia 2030. Puede sonar optimista, pero el ritmo de crecimiento reciente sugiere que no es una aspiración descabellada.

La industria aeroespacial mexicana ya no se mide solo en piezas exportadas. Se mide en integración regional, en capacidad tecnológica y en ambición. Durante décadas México fabricó partes esenciales para aviones ajenos. Hoy empieza a construir los propios.