Fosas sépticas y granjas porcinas ponen en jaque a los mantos freáticos de Yucatán

YAZMÍN RODRÍGUEZ GALAZ. EL UNIVERSAL

Mérida.— El uso del sistema de fosas sépticas en Mérida —ciudad donde el sistema de drenaje es un proyecto trunco desde los años 70—, la utilización de cenotes como basureros, la operación de granjas porcinas y los químicos de las fumigaciones sin control son algunas causas de la contaminación de los mantos freáticos en Yucatán.

Especialistas aseguran que la situación es preocupante y que empeorará en los próximos años si no se toman medidas “duras”, pero necesarias para frenar la contaminación del subsuelo.

Especialistas del Centro de Investigaciones Científicas y Estudios Avanzados (Cinvestav) señalan que la gravedad de la situación en la capital yucateca se relaciona con los sistemas de fosas sépticas que envían todos los desechos fecales al subsuelo de la ciudad. Como resultado, hay una contaminación de heces en el subsuelo meridano.

De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), Yucatán se ubica en el lugar 30 a nivel nacional en manejo sostenible del medio ambiente, principalmente en el tema de agua, agroquímicos y residuos, de tal forma que está prácticamente “reprobado” en ese tema.

El instituto alertó por la gran deforestación que avanza en Yucatán, pues la pérdida de superficie cubierta por árboles coloca al estado en el sitio 28 en cuanto a la recuperación de espacios deforestados.

Además, su reporte anual establece que el estado realiza un mal cuidado y tratamiento de aguas residuales, pues sólo 0.2% del total utilizado es objeto de saneamiento.

Sobre este tema, Salvador Castell González, biólogo y director de la asociación Va por la Tierra, indicó que cada año, el Imco realiza y publica un estudio sobre el manejo ambiental de cada una de las entidades en cuanto al saneamiento del agua, el uso de agrotóxicos y el destino final de los desechos.

Confirmó que la entidad está en un “foco rojo”, principalmente por el casi nulo saneamiento de aguas residuales, pues “se estima que en Yucatán apenas 1% del agua utilizada es objeto de tratamiento”.

Agroquímicos sin control

Castell González indicó que no existe control de los agroquímicos que se utilizan en el campo y que afectan a especies vitales para el ecosistema, como las abejas.

Reconoció que a pesar de los esfuerzos del gobierno estatal en el manejo de residuos sólidos, Yucatán dista de las normas nacionales e internacionales, “pues en el estado la mayoría de los municipios tienen basureros al aire libre y el uso de rellenos sanitarios es de alto riesgo por el tipo de suelo de la región”.

Eréndira López Carreón, presidenta de la asociación de Controladores Expertos del Sureste (Cesac), alertó sobre el uso de plaguicidas caseros y agrícolas, los cuales se venden sin regulación y que, aseguró, dañan la salud de familias, mascotas, animales de granja y “también afectan gravemente el manto freático de Yucatán”.

Expuso que en el sector agrícola el uso de plaguicidas no está completamente regulado y las autoridades han descuidado la capacitación en el empleo de químicos, ya que los campesinos los utilizan sin ningún tipo de guía y asesoría.

Los riesgos de las granjas porcícolas

La contaminación ambiental y de aguas residuales también se registra en municipios como Umán, Kinchil, Conkal, Holactún y Homún.

Colectivos de estas comunidades mayas del poniente de Yucatán presentaron recientemente resultados de un monitoreo de la calidad del agua subterránea en esa región, los cuales arrojaron que existe contaminación con coliformes fecales, que provienen de los desechos de granjas porcícolas de la zona.

El estudio que tomó muestras en 23 puntos de los mantos acuíferos cercanos a las granjas porcícolas durante 2022 concluyó que en todos hubo presencia de coliformes fecales y 35% registró un nivel “inseguro”; la categoría de riesgo más alta determinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estos resultados fueron presentados por integrantes del Consejo Maya Chik’in Ja y el colectivo de atención comunitaria U Yutzil Kaj, en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Los participantes señalan la necesidad de vigilar y actualizar los mecanismos de regulación para el establecimiento y operación de la agroindustria porcícola, en los que se priorice la salud socioambiental.

Los cenotes no se salvan

El problema de la contaminación en los mantos freáticos también golpea a los cenotes, que son parte de la naturaleza y uno de los principales atractivos turísticos de Yucatán.

Se estima que en todo el estado hay alrededor de 2 mil 350 cenotes, de los cuales 70% sufre algún tipo de contaminación y la mayoría ha sido utilizado como “basureros” por las mismas comunidades.

Sergio Grosjean Abimerhi, presidente de la Fundación Grosjean, explora y limpia estos ojos de agua y manifestó que desafortunadamente, al igual que los mantos freáticos, los cenotes son víctimas de la contaminación ambiental, de la basura, desechos y de aguas residuales.

El buzo y estudioso de los cenotes de Yucatán, precisó que junto con la Fundación Bepensa, de carácter privado, limpian y recogen basura de los cenotes y, lamentablemente, hay veces en las que después de cierto tiempo regresan al mismo sitio y esos lugares están llenos otra vez de basura.

Consideró necesario crear conciencia en las poblaciones para que cuiden esas riquezas naturales o, de lo contrario, en un tiempo más se convertirán en focos de infección. “Ojo con eso”, subrayó.

Opciones para frenar la contaminación

En busca de alternativas para frenar la contaminación de los mantos freáticos, científicos yucatecos realizan investigaciones y ya desarrollan membranas para eliminar contaminantes del agua residual procedentes de la industria textil, farmacéutica, alimentaria, cosmética y papelera.

El investigador de la Unidad de Materiales del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), Manuel de Jesús Aguilar Vega, explicó que los principales contaminantes del agua provienen de los colorantes, sustancias ampliamente utilizadas en las industrias y de las fumigaciones agrícolas, los cuales son estructuras químicas aromáticas complejas, resistentes a la degradación.

Comentó que hoy en día se comercian más de 100 mil tintes disponibles con una producción anual de 700 mil toneladas y se estima que más de 15% de todos los tintes producidos se liberan al medio ambiente, principalmente al agua durante su proceso de síntesis o teñido.

“Por ello, el grupo de investigación del Centro de Investigación Científica de Yucatán desarrolla una membrana capaz de rechazar colorantes artificiales y sales, con potencial aplicación en el tratamiento de aguas residuales provenientes de la industria textil”, puntualizó.

Explicó que se trata de una membrana de doble capa de nanofiltración a la que se añaden en su capa externa partículas nanométricas de nanotubos de carbono modificados, lo que hace que tenga mayor eficiencia y mejora sus propiedades de rechazo de sales y materiales que se depositan en su superficie.

Aguilar Vega detalló que esta tecnología ya ha sido probada en el laboratorio donde se comprobó que la adición de los nanotubos de carbono logró mejorar el rechazo de sales, como sulfatos de sodio y de magnesio, así como de colorante azul de metileno.

Ilustración: Ani Cortés