Fuera los rucos

(JUAN IGNACIO ZAVALA. LA POLÍTICA ONLINE

De manera sorpresiva la presidenta. y sus voceros ha emprendido una campaña contra los “rucos”, los viejos o los que no tardan en serlo. Todo por la llamada marcha de la Generación Z que terminó en “la marcha de los jóvenes”. Lo cierto es que la presidenta empezó con el desprecio a los mayores al saber que Vicente Fox -que no es ciertamente un líder juvenil pues ya supera las ocho décadas- pensaba asistir a la multicitada marcha. “Ni a chavoruco llega”, dijo la presidenta sin nombrar al expresidente.

Quizá a Sheinbaum se le hizo muy buena idea hacer un chiste sobre la edad y la situación de Fox, pero la verdad es que los chistes no son lo suyo, debería intentar otro tipo de comentarios sin tratar de ser graciosa. Además, como si la presidenta y sus colaboradores anduvieran en la treintena derrochando ánimo juvenil. Ella tiene 62 y entre sus colaboradores hay mucho que califica para la pensión.

Después del comentario de doña Claudia, sus seguidores la emprendieron contra quienes no eran jóvenes. El oficialismo parecía exigir un derecho de admisión en la marcha: puros jóvenes nada más. Incluso, una vez pasada la marcha, Sheinbaum dijo: “muchos adultos y pocos jóvenes”. Resulta paradójico que un partido representado por gente mayor exija a sus contemporáneos que no se manifiesten, como si solamente fuera un derecho de los jóvenes y de Morena. Incluir a los “adultos” como si fueran elementos perniciosos, que todo lo pudren, la presencia de quien ya no es joven como entidad deslegitimadora de la pureza juvenil. Curiosonamente uno de las políticas públicas icónicas del hoy anciano López Obrador fue la conocida “pensión para viejitos”.

Las agresiones del morenismo a las personas en adultez pretenden invalidar a generaciones enteras como sujetos políticos. Como si ningún adulto pudiera acompañar a los jóvenes en sus causas. En todos lados se manifiestan ancianos sabedores no dejan en buen estado de las cosas a los que vienen.

 Además, como si la presidenta y sus colaboradores anduvieran en la treintena derrochando ánimo juvenil. Ella tiene 62 y entre sus colaboradores hay mucho que califica para la pensión. 

Para la presidenta y sus golpeadores de nada sirvió la marcha del rector Javier Barros Sierra en 1968 con los estudiantes; o las protestas de adultos como Mahatma Gandhi o Lech Walesa no eran válidas porque no eran juveniles. El movimiento de rebeldía en la política estadounidense lo encabeza desde hace unos años un anciano de nombre Bernie Sanders. Un “rucazo” para Sheinbaum y compañía. Sin embargo, a los 84 años Sanders, un senador independiente que se define como socialista, sigue moviendo como nadie a jóvenes que particularmente rechazan al gobierno trumpista.

En la feria de las culpas que este gobierno ofrece como política de comunicación, la variedad es amplísima. En el caso de la marcha empezó por ser de “la derecha” – como si esta no pudiera hacer manifestaciones-, luego se vio la mano temible de los “movimientos internacionales” y de los empresarios afiliados a la ultra; luego abiertamente algunos jóvenes panistas y otros políticos “de todos conocidos”; esta semana ya vamos en “los adultos”: “hubo mucho adulto”, dice la presidenta como si hablara de una fiestas de quinceañeros.

Queda claro que un nuevo enemigo se asoma en las barricadas contra la cuarta transformación: son los rucos, gente que ya no es joven, que roza la adultez mayor y cuyos deseos, ideas y manifestaciones no cuentan porque ya están grandes, pronto se enfermarán, cobrarán su pensión y el gobierno podrá hacerlos a un lado porque son muy desagradables cuando se sienten jóvenes y creen que se pueden quejar. Por el bien de todos, fuera los rucos.