La expropiación, de la banca al tren

RODRIGO PACHECO. SUMA DE NEGOCIOS. EXCÉLSIOR

En sus memorias, Manuel Espinosa Yglesias, quien era el presidente de Bancomer, cuenta cómo el miércoles 1º de septiembre de 1982 recibió una llamada en la que le informaron que Miguel Mancera Aguayo había dejado la dirección del Banco de México, apenas colgaba cuando uno de los ejecutivos del banco le informó que todas las sucursales estaban ocupadas por el Ejército y la policía. Espinosa Yglesias no lo podía creer, apenas dos semanas atrás había participado en una reunión de su gremio con el presidente José López Portillo, quien habría expresado confianza y respeto al sector. En su libro, el banquero dice que dos días antes su hija le había dicho que había un rumor de la nacionalización de la banca pero él lo descartó, no sólo por la reunión que había tenido con López Portillo, sino porque era una pésima decisión económica en medio de una inflación galopante y una salida masiva de dólares. Habría que sumar a la incredulidad de don Manuel que políticamente López Portillo le estaría amarrando las manos al presidente electo Miguel de la Madrid, quien por cierto se enteró un día antes de la decisión.

40 años y ocho meses después, una nueva expropiación, no es la única pero en ciertos sectores del país ha evocado 1982, no obstante ello, estamos hablando de dos eventos muy distintos en magnitud y lógica. El martes le preguntaron al presidente López Obrador acerca de la posible adquisición por parte de Grupo México de los activos de Citibanamex y dijo de manera textual: “Sólo me falta revisar la parte del pago de impuestos, pero vemos bien que se lleve acabo la operación y si van a ser los del Grupo México no va a haber ningún problema, tenemos diferencias con ellos, pero ése es otro asunto”. Ese mismo día por la tarde Germán Larrea asistió al Palacio Nacional en el contexto del Consejo Económico Asesor de la Presidencia y al siguiente día, miércoles, nuevamente estuvo en reunión con el Presidente. Es altamente probable que en la reunión hayan negociado a tres pistas visibles: A) Los impuestos que generará la compra de los activos que va a vender Citibanamex. B) La demanda de Grupo México por el tramo 5 del Tren Maya. C)Términos de una posible expropiación de 120 kilómetros de vías a Ferrosur. El inciso C está en duda, aunque es lógico suponer que se habrá planteado por parte del Presidente; un escenario poco probable es que sea una forma ruda de negociar el inciso B.

LA MAGNITUD

La expropiación, publicada en el Diario Oficial de la Federación ayer viernes, corresponde a tres tramos: 1) El de Coatzacoalcos a Medias Aguas, con una longitud de 91 kilómetros. 2) Hibueras a Minatitlán, con una longitud de 11 kilómetros. 3)Coatzacoalcos a El Chapo, con una longitud de 18 kilómetros, los tres tramos en Veracruz. El conjunto de la expropiación es 1 por ciento de la red de Ferromex, 10 por ciento de Ferrosur, así que no parece significativa para la compañía de Larrea, pero sí es clave de cara al Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que presentó la secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, la semana pasada. Además, eventualmente puede ayudar a conectar los tramos del Tren Maya que llegan a Escárcega y que requerirán ayuda con la carga.

LA SEÑAL

Un aspecto llamativo fue el comunicado de Grupo México Transportes, que se mostró sorprendida al afirmar: “La sorpresiva e inusitada toma de las instalaciones por parte de las Fuerzas Armadas está siendo analizada por parte de Grupo México Transportes, sus inversionistas y asesores”. Ayer las acciones de Grupo México cayeron 4.3 por ciento y la de Grupo México Transportes 3.2 por ciento abajo, es difícil que Germán Larrea no supiera desde el miércoles. Habrá espacio legal para señalar que no informó oportunamente a los accionistas, aunque él podría argumentar que no podía informar algo que formalmente no había ocurrido. Lo cierto es que apostar a una acción jurídica en contra de la expropiación tiene la ventaja para Grupo México de que el proceso será más largo que el sexenio, pero una desventaja mayor porque hay otras pistas en donde pueden apretar a la segunda persona más próspera de México. Lo cierto es que no estamos ante un acto como el del primer López presidente, no deja de ser irónico que ahora está en juego la venta del banco que fue expropiado hace 40 años, a un privado, el segundo más próspero del país.