La nadadora Patricia Guerra cruza con récord el Estrecho de Gibraltar

ALBERTO ACEVES. LA JORNADA

El mar es un gran maestro, me hizo aprender lo que son la paciencia y la templanza; entiendes que los límites están en la mente y puedes lograr cosas increíbles

Cuando era pequeña, Patricia Guerra miraba las olas y trataba de entender el misterio que había en las profundidades del mar. Con el tiempo supo que ese era su lugar, que podía nadar en más de una decena de cruces en aguas abiertas como el mítico Canal de la Mancha. En ese punto que separa a Francia de Inglaterra, la mexicana de 51 años descubrió que en las aguas existen algunas criaturas de la noche: pulpos gigantes nadando en sentido contrario, ballenas, lobos marinos, manadas de juguetones delfines y tiburones casi siempre amenazantes.

El mar es un gran maestro, me ha hecho aprender lo que realmente son la paciencia y la templanza, describe en entrevista con La JornadaAdentro del agua todo se ve negro, de pronto vas encontrando la arena y te da por llorar. Entiendes que al final los límites están en la mente, que una persona con gorra, goggles y un traje de baño puede lograr cosas que para muchas otras parecen increíbles

Después de pasar seis años en una lista de espera, Guerra cruzó el sábado la frontera marítima que une al océano Atlántico con el mar Mediterráneo, el llamado Estrecho de Gibraltar, en un tiempo récord para el deporte mexicano de 2 horas, 43 minutos y 4 segundos. Aunque el cálculo estimado por la entrenadora Nora Toledano era originalmente de entre cuatro y cinco horas, las variables de las corrientes marítimas modificaron la logística de abastecimiento.

Al ser el único cruce de un continente a otro, cientos de atletas en el mundo quieren hacerlo. Ese anhelo genera una lista de espera en la que muchos siguen formados y otros logramos una fecha, explica la nadadora, cada vez más cerca de su retiro profesional. La última travesía será la Vuelta Manhattan el 5 de agosto, 46 kilómetros de nado sin descanso en aguas abiertas. Calculamos un tiempo de entre ocho horas y media a nueve, dependiendo de las condiciones climáticas.

El cruce de la isla forma parte de la Triple Corona de natación, máximo reconocimiento en el mundo de la Asociación Mundial de Aguas Abiertas. Las otras dos pruebas de larga distancia son el Canal de la Mancha (33.7 km) –donde Guerra es la tercera mexicana que lo consigue– y el Canal de Catalina (32.5). Una de las cosas más difíciles de estas travesías es aclimatarse al frío. Siempre trato de extremarlo para acallar un poquito la mente, menciona luego de meses de entrenarse hasta por seis horas en aguas heladas.

Abanderada de diferentes causas sociales en el país, como 50+1:2023, campaña cualitativa de empoderamiento femenino, Guerra dice que le gusta soñar, porque no hay edad para darle un sentido a la vida. Debemos romper esa creencia que después de los 50 años la vida de las mujeres va en decadencia, recalca. Se trata de levantar la voz y decir que una mujer, con un seguimiento hormonal y químico controlado, puede seguir persiguiendo sueños y poner el nombre de un país muy en alto. No podemos permitir que se nos ponga ese techo.

Sobre el futuro que aún desconoce, la nadadora de aguas abiertas tiene el deseo recurrente de apoyar a las generaciones que vienen con su experiencia en salud física y mental. Continuará nadando toda su vida, pero ya no para construir travesías entre dos o más países. Lo que desea ahora es disfrutar. Apreciar desde otro punto ese mun-do maravilloso que descubrió al otro lado de las olas.