México invertirá 540 mdp para lanzar cuatro satélites que monitorearán temas de seguridad y cambio climático

(ANA LUISA GUTIÉRREZ. EXPANSIÓN)

México quiere mirar su territorio con ojos propios. La administración de Claudia Sheinbaum contempla una inversión de 540 millones de pesos para desarrollar una constelación de cuatro satélites de observación terrestre, previstos para estar en órbita rumbo a 2028, con la finalidad de generar imágenes e información propia para reducir la dependencia de fuentes extranjeras.

La constelación denominada Ixtli, que en náhuatl significa ‘ojos para ver’, permitirá monitorear fenómenos relacionados con el cambio climático, como incendios forestales, sanidad de bosques, deslizamientos de la tierra, cultivos, monitoreo de especies, crecimiento humano, así como asuntos vinculados a la seguridad nacional.

El presupuesto empezó a ejercerse desde el año pasado con una erogación de 25 millones de pesos; sin embargo, para 2026 aún no se asigna una partida específica, informó la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) a Expansión a través de una solicitud de transparencia. Este suele ser un proceso que toma meses. El año pasado, la Secretaría aprobó el presupuesto correspondiente hasta después del primer semestre del año.

La inversión no solo contempla la fabricación de los satélites, sino también la instalación de dos estaciones terrenas para su control y para la recepción y distribución de las imágenes generadas. El proyecto incluye además sistemas de telemetría, tecnología que transmite datos de manera automática a un centro de control para su análisis en tiempo real, y dos centros de datos destinados al procesamiento y almacenamiento de la información satelital.

Actualmente, más de 50 instituciones gubernamentales como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), el Inegi, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) o dependencias de seguridad, entre otras, utilizan imágenes satelitales adquiridas por empresas privadas de Estados Unidos, Francia y otros países. La compra de esa información implica un gasto anual de 172 millones de pesos, según datos compartidos por la Secihti.

La secretaría señaló que toda la infraestructura de Ixtli responde a la necesidad del país de enfrentar desafíos en materia climática y seguridad, cuyos ámbitos demandan análisis constantes y toma de decisiones sustentadas en imágenes satelitales de actualización frecuente. “El propósito es establecer infraestructura satelital propia autónoma para asegurar el acceso a datos críticos para la operación de diversos organismos gubernamentales y permitirá una reducción de costos a corto y mediano plazo”. El tipo de satélites proyectados por el gobierno tienen una vida útil de entre dos y cinco años.

Roberto Briano, ingeniero aeroespacial, explicó anteriormente a Expansión que, en diversos casos, las imágenes satelitales proporcionadas por compañías estadounidenses llegan con ediciones o, incluso, no se comparten cuando son consideradas información sensible para su país.

Ante ese escenario, el especialista subrayó la necesidad de que México impulse su propio sistema de observación de la Tierra, a fin de garantizar el acceso íntegro a los datos y evitar filtros externos, particularmente por razones de soberanía.

El planteamiento cobra relevancia en un contexto en el que la administración de Donald Trump, en Estados Unidos, ha intensificado acciones contra los cárteles de la droga al catalogarlos como organizaciones terroristas, un tema que también involucra el uso estratégico de información e inteligencia.

Los retos

La ejecución del proyecto corre por parte de investigadores, estudiantes y académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

José Francisco Valdés Galicia, coordinador del Programa Espacial Universitario (PEU) de la UNAM, explicó a Expansión que la idea es que la información captada por los satélites permita entender con mayor precisión cómo evoluciona el cambio climático en el país y, a partir de ese diagnóstico, diseñar estrategias más específicas y robustas para enfrentarlo.

“Queremos crecer como una nación independiente tecnológicamente que pueda tomar sus propias decisiones y desarrollar esta misión nos ayudará a eso con satélites creados a la medida y a las necesidades del país”, aseguró.

El académico también explicó que gran parte del primer satélite se construirá fuera del país con el apoyo de una empresa, aún por definir, debido a la limitada experiencia en el sector en México. El objetivo, sin embargo, es que una parte del proceso se realice en el laboratorio de la UNAM en Juriquilla, Querétaro.

El costo

El plan Ixtli está basado en el concepto de CubeSats, pequeños satélites modulares, lo que significa que se fabricarán cuatro satélites: dos de seis unidades y dos de dieciséis para operar en forma de constelación para maximizar su capacidad de observación del territorio nacional.

Los CubeSats, que miden 10 centímetros por lado y pesan aproximadamente un kilo, se han consolidado como una alternativa viable a los satélites tradicionales en programas espaciales, debido a su bajo costo y a que pueden construirse con piezas comerciales fácilmente disponibles, según el estudio Visión general teórica de la tecnología CubeSat.

Este año está prevista la fabricación de la primera constelación, cuyo lanzamiento se proyecta hacia finales de 2026 o el primer trimestre de 2027.

Valeria Ramos Barba, especialista y consultora del sector espacial, explicó que la etapa de desarrollo (manufactura y de pruebas) antes del lanzamiento representa la parte más costosa de un proyecto de desarrollo de sistemas espaciales dado la cantidad de adquisiciones de hardware y software, así como por el uso de servicios por parte de terceros, como son las pruebas de calificación y certificación, entre otras.

En este sentido, estimó que la fabricación y lanzamiento del primer satélite de la constelación de seis unidades requerirá una inversión de aproximadamente 38.1 mdp este año. Para el segundo satélite, previsto en 2027, la dependencia deberá desembolsar una cantidad similar, sujeta a la variación del tipo de cambio.

En cuanto a los otros dos satélites, que forman una constelación de 12 y otra de 16 unidades, cada uno implicará una inversión de 47.9 millones de pesos, es decir, un total de 95.8. En conjunto, la fabricación, lanzamiento e infraestructura de la constelación Ixtli representará una inversión cercana a 206.3 millones de pesos.

Para Ramos Barba, más allá de si el presupuesto está en línea o por debajo de lo que se requiere, la principal preocupación del proyecto Ixtli es la obtención del recurso orbital, es decir, la asignación de radiofrecuencias necesarias para operar los satélites.

Este proceso comienza ante la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) y culmina con la coordinación y registro ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

La UIT es la responsable de reglamentar y gestionar internacionalmente los recursos o espacios orbitales geoestacionarios, junto con el espectro radioeléctrico. Pero en la actualidad, los espacios orbitales están saturados debido a la demanda de lanzamientos de satélites en órbita por parte de empresas privadas como de países debido a temas geopolíticos.

En los documentos obtenidos por Transparencia, la Secihti informó a Expansión que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) ya inició la gestión orbital para la constelación Ixtli. Pero la especialista en materia satelital advirtió que la aprobación del espacio orbital puede extenderse hasta dos años, lo que podría retrasar el lanzamiento del primer satélite.