(NELLY TOCHE. EL ECONOMISTA)
Este 8 de marzo miles de mujeres volvimos a salir a las calles para dar visibilidad a los diferentes desafíos que enfrentamos todos los días. Han pasado ya diez años desde aquel 2015 que se realizó en Ciudad de México la primera marcha conmemorativa por el Día Internacional de la Mujer con las madres y padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.
Después, en 2020, la fuerza del feminismo marcó historia con la marcha más concurrida con más de 80 mil mujeres que tomaron las calles del Centro Histórico. En esta ocasión lo hicimos más de 200 mil.
Y esto no es casualidad, durante esta década ciertamente la ola de violencia contra las mujeres en la capital y el país no ha cesado, el hartazgo, la impotencia, impunidad e injusticia han provocado que las mujeres se sigan movilizando. Y congregando en diversos puntos ahora emblemáticos como el Ángel de la Independencia, el Monumento a la Revolución, La Glorieta de las Mujeres que Luchan, la Glorieta de los Desaparecidos, entre otros.
Varios momentos han marcado estos años, como el Paro Internacional de Mujeres desde 2017, o las primeras tomas de monumentos en 2019 con la frase “No me cuidan, me violan” y “nos están matando”. En esta manifestación por primera vez ocurrió la intervención de monumentos históricos; pintar, quemar, romper, es decir una acción directa del movimiento feminista para decir: “Importan más los monumentos que la vida de las mujeres, estamos hartas”.
Esta llamada Cuarta ola feminista que no sólo surge en México sino en todo el mundo y que es reconocida por el activismo social en redes sociales, por la lucha contra la violencia machista y el acoso sexual, desafortunadamente se aviva en el país por hechos muy dolorosos, por ejemplo: el feminicidio en 2018 de Lesvy Berlín Osorio, una estudiante del CCH Sur que murió a manos de su novio Jorge Luis Hernández; el asesinato de Ingrid Escamilla Vargas o el de Fátima Cecilia Aldrighett Antón, ambos en 2020.
¡No somos una, no somos 10…!
Este 2025 se volvió a romper el récord anual. De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la asistencia fue de más de 200 mil mujeres, aunque de acuerdo con la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México (SECGOB) fueron 170 mil las manifestantes, una cifra inferior al registro oficial de la marcha en su edición anterior, con 180 mil mujeres. Más allá de las cifras, no es casualidad que esta marcha siga creciendo año con año, pues de lo que se trata es de visibilizar las causas de nada más y nada menos que más de la mitad de la población en el país.
En 2020, en la Ciudad de México vivíamos 4 millones 805 mil 17 mujeres, lo que representaba el 52.2% de la población total de la capital, y de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, en todo el país hay 67 millones de mujeres, lo que representa el 51.7% de la población total.
En la marcha del pasado sábado, prevaleció la manifestación aguerrida, pero pacífica. El término “sororidad” empezó a permear en una gran mayoría, probablemente por eso la diversidad de carteles y luchas se hacen visibles en un solo espacio. Madres de jóvenes desaparecidas, mujeres científicas, mujeres en distintas organizaciones civiles, estudiantes, maestras, grupos de amigas, abuelas, niñas portando carteles con mensajes como: “No soy una princesa, soy una guerra” pero otras que portan unas alas con duras declaraciones, “Hace un año marché con mi mami, hoy marcho por ella, que me cuida desde el cielo”.
Dice Marcela Largarde y de los Ríos, doctora en Antropología, Etnóloga y pensadora feminista: La sororidad es un pacto político entre mujeres y tiene un sentido filosófico para enfrentar la opresión de género y cualquier otra forma de opresión sobre la Tierra. Es un pacto que está basado en el reconocimiento de la diferencia. “Pactamos porque somos diferentes y no porque pensamos igual”. La sororidad es un pacto sobre la discrepancia, no sobre el común acuerdo, y así nos reconocemos entre nosotras.

Caminar las calles junto a tantas mujeres es una sensación única, probablemente no hay espacio que nos una tanto y a tantas. El 8M fue adoptado por la Asamblea General de la ONU en 1977, aunque dos años antes ya se empezaba a conmemorar, su origen está en las manifestaciones de las mujeres que reclamaban a comienzos del siglo XX el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo y la igualdad entre mujeres y hombres. El día de la mujer está vinculado a los movimientos feministas, por ejemplo, durante la Revolución Rusa de 1917, también se habla de las decenas de obreras que en 1875 en una fábrica textil de Nueva York se manifestaron por la desigualdad salarial o el incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist en Nueva York en 1911, donde murieron 123 mujeres.
Muchos son los hechos que nos han movido a tomar las calles, en la actualidad las batallas giran en torno a mejorar nuestros salarios o al menos igualar los de los hombres, por las mujeres que siguen muriendo en manos de sus acosadores, por la violencia exponencial, por justicia en miles de casos impunes y mal atendidos, por las mujeres desaparecidas, por el respeto en nuestros lugares de trabajo, por más espacios en carreras y trabajos históricamente ocupados por hombres, por el derecho a la salud y cese a la violencia médica, por una vivienda digna, entre muchas otras consignas.
¡No llegamos todas, atrevete a escucharnos!, fue un mensaje constante durante la marcha, haciendo alusión a la presidenta Claudia Sheinbaum, la petición es que se preocupe por todas, que haya presupuestos para atender las causas, que se acaben las promesas para las mujeres y que podamos vivir en paz y con dignidad, pues para muchas, esa deuda histórica sigue pendiente.

Las marchas vienen con un golpe de realidad
Dice Marcela Lagarde que no hemos tenido el espacio subjetivo para alcanzar a tener el tiempo interior para reflexionar sobre quiénes somos ahora las mujeres y eso tenemos que generarlo para nosotras mismas. Quizá la marcha es ese espacio que nos permite repensarnos.
“La construcción de la autonomía en el mundo contemporáneo es un hecho subversivo porque hay múltiples mecanismos de opresión instalados, no sólo los de género, sino también los de clase, edad, territorialidad. Cualquier autonomía implica la salida de control del sujeto que entra en proceso autonómico (…) Tenemos que saber que toda lucha por la autonomía es conflictiva”, Marcela Lagarde.
Actividades para seguir conversando
Conferencia
- Pianistas y músicas en el Conservatorio Nacional de Música. Primeros años del siglo XX. ¿De alumnas a profesionales?
- Imparte: Maby Muñoz Hénonin, catedrática de la UNAM
- Lunes 10 de marzo, 12:00 horas
- Sala 4 Agustín Caballero
Editatona Mujeres Artistas Mexicana
- Programación diversa
- Organizan: Karen Cordero Reiman, Cecilia Noriega Vega y Alejandra Gorráez Puga; Yuruen Lerma, Mónica Mayer y Wikimedia México
- Ágora del MUAC, CU
- Sábado 22 de marzo, de 11:00 a 16:00 horas
Muestra de Cine de Realizadoras Indígenas
- Programación variada: 15 películas
- Valentina o la serenidad (2023), de Ángeles Cruz
- A través de Tola (2023), de Cassandra Casasola
- Chicharras (2024), de Luna Marán
- La raya (2024), de Yolanda Cruz
- Gente de mar y viento (2016), de Ingrid Eunice Fabián
- … diez cintas más
Cineteca Nacional México, del 8 al 15 de marzo
Cineteca Nacional Chapultepec 8 y 9 de marzo
Cineteca Nacional de las Artes, del 2 al 9 de mayo
Foro al Aire Libre Cenart, a partir del 10 de marzo
