Yásnaya E. Aguilar, lingüista: “El danés tiene una cuarta parte de hablantes que el yoruba, pero no peligra porque tiene un Estado detrás”

DAVID MARCIAL PÉREZ. EL PAÍS

La ensayista mexicana señala que la discriminación de las lenguas indígenas es racismo y aboga por un multilingüismo sin prejuicios

En Estados Unidos es latina, pero en Europa se convierte en mexicana. De vuelta a México pasa a ser oaxaqueña, aunque dentro de Oaxaca la consideran mixe. Con este juego por capas de cebolla suele explicar la lingüista y ensayista Yásnaya E. Aguilar (Oaxaca, 1981) las trampas de la identidad, siempre pendiente de la mirada del otro. La categoría indígena, por cierto, le llegó tarde. Ya de adolescente, cuando dejó su pueblo en la sierra mixe por la ciudad para estudiar en la Universidad. Su último libro,Ää: Manifiestos sobre la diversidad lingüística (Almadía), es una recopilación de artículos donde analiza la discriminación de las lenguas indígenas como un síntoma del racismo estructural contra sus hablantes dentro y fuera de México. La receta también está en el libro: una apertura a un multilingüismo sin prejuicios como horizonte de empatía y justicia. Poco antes de viajar a Europa, Aguilar atiende a EL PAÍS por teléfono desde su pueblo, Ayutla, en la sierra de Oaxaca.

PREGUNTA. En uno de los textos cuenta la escena de una mujer que dice que su hija no es mixe porque no habla la lengua. ¿Cuál es esa relación tan particular entre lengua e identidad?

RESPUESTA. Yo defino la identidad como el conjunto de rasgos mediante el cual una persona puede ser clasificada en un subconjunto que sí contrasta. Por ejemplo, yo crecí en una comunidad donde todo el mundo hablaba mixe. Claro, yo soy indígena por una razón estructural, pero no era algo que formara parte de mi identidad, porque no experimentaba contraste. Hasta que no llegué a la ciudad no se activó ese contraste. En todo caso, la lengua es un fenómeno identitario fundamental. Porque con una persona con la que no puedes comunicarte se establece un contraste muy fuerte y, por lo tanto, experiencias y discursos identitarios muy fuertes. Pero por otro lado, el lenguaje nos permite aprender más de una lengua. Así que, es también una gran manera de ponerse en los zapatos de los otros. Te permite estar en tránsito, en la inclusión. Por eso, la diversidad lingüística es fundamental para la existencia de un mundo justo.

P. En un momento en que se presta tanta atención a la diversidad, parece que no es así en el ámbito lingüístico. Según cálculos de la ONU, cada año mueren 100 lenguas.

R. Suele haber dos explicaciones a por qué en este momento de la historia, y no en otro, la diversidad lingüística está en riesgo. Una es la globalización. Pero para mí es una falsa disyuntiva porque yo puedo aprender la lengua franca, digamos el inglés, y seguir hablando mi lengua. La respuesta que más me satisface es que lo que atenta contra la diversidad lingüística es la creación de los Estados nación. A diferencia, por ejemplo, de los imperios, se hace esta equivalencia de un Estado, una nación, una lengua. Y además, en muchos casos han combatido activamente la existencia de otras lenguas. Hay unos 200 Estados en el mundo y existen como 7.000 lenguas. Eso quiere decir que, más o menos, hay 6.800 lenguas sin ese respaldo. El danés tiene una cuarta parte de hablantes que, por ejemplo, el yoruba. Pero no está en riesgo de desaparición porque tiene un Estado detrás.

“En la folclorización hay una idea muy fuerte de multiculturalismo neoliberal”

P. Una de sus frases más célebres es “me importan más los hablantes que sus lenguas”.

La escritora y lingüista mixe Yásnaya Aguilar Gil.
La escritora y lingüista mixe Yásnaya Aguilar Gil.HECTOR GUERRERO

R. La lengua es un asunto retórico, cognitivo y político. Al principio no era tan consciente, pero ahora me importan mucho más las condiciones sociales de sus hablantes porque los derechos lingüísticos son vehiculares en derechos humanos básicos. La muerte de una lengua es el producto de una larga discriminación sobre sus hablantes. Por ejemplo, un derecho humano como el debido proceso, que no se violen tus garantías jurídicas, no puedes ejercerlo si ni siquiera te enteras de qué va tu juicio, de lo que se te acusa. Porque si no tienes intérprete, no te enteras. Hasta 2011, más del 90% de los presos en Oaxaca que hablaban una lengua indígena no habían tenido intérprete.

P. Explica en el libro que durante la colonia había más diversidad lingüística que en el México actual.

R. No voy a ser yo quien defienda los efectos de la conquista. Pero para el imperio español era fundamental la imposición de la religión, no de la lengua. Mientras que para el Estado mexicano, por ejemplo, la imposición del español ha sido fundacional. La idea de imperio va más asociada a lo multilingüe. Además, como la religión era lo fundamental y muchos textos sólo existían en latín, se hicieron traducciones directamente a lenguas indígenas. Los mismos frailes aprendieron las lenguas. Para 1820, el 70% de la población hablaba una lengua indígena. Ahora sólo el 6,1%. Esa desaparición y borramiento lo hizo el Estado mexicano.

P. El miedo del Estado suele ser que una lengua fuerte derive en un nacionalismo o independentismo fuerte.

R. La politóloga quiché Gladys Tzul le llama a esto deseo de Estado. Pero hay pueblos, como el mixe, que no tenemos deseo de Estado. Lo que pensamos es que el problema es la creación de un mundo con Estados. Entonces nuestra aspiración no es crear uno. En el caso del pueblo mixe, no tiene un gobierno central, un organismo centralizado. Le huimos un poco a la centralización. Tenemos comunidades autónomas que hacen alianzas estratégicas con otras comunidades para fines comunes.

P. En el libro es también muy crítica con la romantización de las culturas indígenas.

R. En la folclorización hay una idea muy fuerte de multiculturalismo neoliberal, como apunta la socióloga Silvia Rivera Cusicanqui. Es decir, este aprecio por la diversidad, pero mientras no se toquen las condiciones estructurales, ya sea el patriarcado o el capitalismo. La diversidad se convierte en un producto más a vender.

“La muerte de una lengua es el producto de una larga discriminación sobre sus hablantes”

P. ¿Qué le parecen las iniciativas recientes de la ONU: el año y el decenio internacional de las lenguas indígenas?

R. Yo creo que esas iniciativas tienen una ventaja, que es que igual más gente que ni siquiera sabía del tema se pregunte, por ejemplo, por qué están muriendo las lenguas. En México es muy común que la gente no sepa ni cuántas lenguas se hablan en su propio país, que es algo que me parece básico.

P. También impugna clichés como el que dice que uno tiene que estar orgulloso de hablar su propia lengua cuando es minoritaria.

R. Yo creo que eso es la evidencia de una herida. Es como trasladar la culpa o la responsabilidad a los hablantes. Esta reflexión partió de una campaña pública muy exitosa en México sobre lenguas indígenas. Se llamaba “Háblala con orgullo”. Me pareció muy cínico que tú, que decidiste que fuera vergonzante hablar mi lengua, ahora me dices que la tengo que hablar con orgullo. Más bien hay que trabajar en las condiciones estructurales para que mi lengua pudiera hablarse como otra más. Para no necesitar ese parche a un dolor estructural. Se entiende mejor si lo utilizamos para el caso del español. Nadie dice “hablo orgullosamente español”, salvo en EE UU, donde es una lengua sin Estado, inestable.

DAVID MARCIAL PÉREZ, Reportero en la oficina de Ciudad de México. Está especializado en temas políticos, económicos y culturales. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en El País. Antes trabajó en Cinco Días y Cadena Ser. Es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y máster en periodismo de El País y en Literatura Comparada por la UNED.